martes, 29 de marzo de 2011

Ejército de EE.UU.: criminales en acción


Capitán del ejército norteamericano Jeremy Morlock posa sonriente mientras sostiene por el pelo la cabeza de un campesino afgano asesinado por el “Kill Team”. Una de las fotos que publicó Der Spiegel 

viernes, 25 de marzo de 2011

Manuel continúa combatiendo vivo, por Dax Toscano Segovia


E
l ejército y el Estado colombiano siempre han tenido como uno de sus objetivos principales acabar con la vida del guerrillero Manuel Marulanda Vélez. Pero aún después de muerto, por muerte natural, Manuel, el Viejo querido, sigue burlándose de las intenciones de quienes han pretendido y pretenden asesinarlo destruyendo lo más preciado que él dejó: su ejemplo y su condición indiscutible de ser el héroe de la insurgencia de la Colombia de Bolívar.  Estas fieras, sintiéndose impotentes ante el fracaso de ultimar al legendario guerrillero, hoy andan tras la búsqueda de su cadáver. No se pueden explicar las bestias criminales del Estado fascistoide colombiano cómo el legendario revolucionario siempre ha podido sobrevivir a sus ataques. Y no podrán explicar jamás, porque jamás podrán sentir el profundo amor del pueblo,  cómo, a pesar de su muerte, Tirofijo sigue más vivo que el sol, porque como dice una hermosa canción fariana, Manuel no morirá, pues nadie puede matar la luz, el aire o la vida.
Eso es lo que al imperialismo yanqui y a criminales de la calaña de Uribe, de Santos, de Padilla les atemoriza. Y es lógico, porque pese a la brutal campaña de propaganda contra la figura de Manuel Marulanda y de la organización revolucionaria de la cual él fue su Comandante en Jefe, las FARC-EP, el insigne guerrillero, al igual que el Che, sigue vivo en la memoria de obreros, campesinos, artistas, escritores, estudiantes, jubilados, amas de casa que hoy luchan contra un enemigo mil veces más poderoso en armamento y en el uso de la tecnología militar, pero infinitamente más débil y pequeño en su accionar ético y político.
Manuel Marulanda está presente. Nadie puede ocultar esta verdad objetiva. Y eso le duele al fascismo y al imperialismo. No soportan esta realidad. Como perros rabiosos expelen espuma de odio y venganza; como lobos hambrientos necesitan encontrar a sus víctimas; como los seres deleznables que son vociferan contra aquellas y aquellos que, a pesar de la brutal represión y del terrorismo desatado por el Estado narcoparamiliar colombiano, la CIA y el Mossad, han decidido rendir diaria, cotidiana y permanentemente un sincero homenaje a Tirofijo.
Andan irritados porque un grupo de hombres y mujeres dignos, al cumplirse seis meses de la desaparición física de Manuel Marulanda, decidieron lanzar un libro, inaugurar una plaza y develar un busto en honor del héroe de la revolución colombiana y latinoamericana. No les agrada la idea de que un colectivo de escritores e intelectuales como la querida Celia Hart, quien recientemente falleciera en un accidente de tránsito, hablen positivamente de Manuel. Saben que las ideas son un arma poderosa de combate contra la alienación cuando calan profundamente en la mente de la clase trabajadora. Tampoco les gusta, acostumbrados como están a rendir culto al dinero, al consumo, al mercado o a sus héroes ideados e imaginados en sus mentes macabras como Superman, Batman o Terminator, que un artista haya hecho un busto del hombre modesto, sin pretensiones de ninguna clase que fue Manuel Marulanda. Jamás podrán aceptar que el pueblo de ese barrio combativo y solidario de la parroquia 23 de enero en Caracas, a través de la Coordinadora Cultural Simón Bolívar, conjuntamente con la Coordinadora Continental Bolivariana, hayan construido una plaza para albergar a esa hermosa obra artística, no solo por su calidad estética, sino por el valor humano que ella encierra.
Manuel se caracterizó por ser un hombre modesto, sin poses de superioridad sobre el resto. Revolucionario inclaudicable, jamás se dejó obnubilar por las delicias emanadas del uso indebido del poder con el objetivo de satisfacer intereses individuales o de una camarilla determinada. Siempre opuesto al culto a la personalidad, el Viejo querido rechazó los halagos y las ceremonias aduladoras que tanto gustan a los corruptos gobernantes de la Casa de Nariño, a la oligarquía proyanqui y a los mismos cabecillas del imperio.
Encolerizado  frente a estos actos de solidaridad con la lucha del hermano pueblo colombiano, el régimen de Uribehitler emitió una nota de protesta al gobierno venezolano por la realización del homenaje a Manuel Marulanda, documento en el cual califican a Tirofijo como terrorista.  El cinismo es tal que expresan sin distinciones de ninguna naturaleza que todo el mundo ha rechazado dicho homenaje. Cuan falsa y contradictoria será ésta afirmación que ni siquiera los medios colombianos como RCN o Caracol pudieron dejar de cubrir este evento donde se expresó con alegría combativa el cariño a Manuel aunque, como es obvio, el material recogido por estos canales de televisión será tergiversado y, además, utilizado por la inteligencia colombiana para criminalizar a quienes participaron en dicho evento; así como para señalarlos como objetivos militares para su posterior persecución y asesinato como lo han pretendido hacer con Narciso Isa Conde y Carlos Casanueva. Estos hipócritas que hablan de asesinatos y crímenes de las FARC-EP, que se reúnen con sus aliados paramilitares, grupos de delincuentes como “Las águilas negras” a los cuales ellos mismos pertenecen y que han sido los causantes de la muerte de miles de campesinos, sindicalistas, trabajadores y dirigentes de izquierda, quisieran erigir en la misma Plaza de Bolívar un monumento a Pinochet o a Bush.
Una vez más el discurso oficial del uribismo señalará a los luchadores sociales, a los revolucionarios como terroristas, siendo los terroristas ellos, los paramilitares y el régimen criminal que impera en EEUU.
La lucha no podrá ser detenida con amenazas, persecuciones o incluso el asesinato de hombres y mujeres implicados con la insurgencia ya sea militar o políticamente o como parte de un amplio movimiento de solidaridad que reivindica el derecho de los pueblos a la insurgencia armada mientras exista un Estado capitalista donde los oligarcas, con el respaldo del imperialismo yanqui, crean ser los únicos poseedores del derecho a ejercer la violencia y a utilizar todos los mecanismos para seguir manteniendo su poder y sus privilegios de clase.
No se puede admitir la estigmatización negativa de todas y todos quienes respaldan a las FARC-EP.  Si el régimen narcoparafascista de Uribe continúa con su histeria persecutoria, tendrá que empezar acciones judiciales y operativos para secuestrar y asesinar no a uno, sino a cientos y  miles de personas que hoy se levantan para decirle: Uribe fascista, usted es el terrorista.
Al contrario de lo que pretenda el Estado mafioso colombiano y el imperialismo yanqui amedrentando al pueblo con todos los mecanismos criminales que posee a su alcance, la lucha continúa y continuará,  porque como dicen los hermanos de las FARC-EP: ¡hemos jurado vencer y venceremos! Para quienes están implicados con la insurgencia, las ganas de luchar son cada vez mayores.
Ya no sólo será un homenaje, serán miles y las plazas, las avenidas se llenarán con efigies del Che, de Manuel Marulanda, de las FARC-EP. En las imprentas se producirán cientos de miles de libros de Carlos Marx, de Federico Engels, de Vladimir Lenin, de León Trotsky, del Che, de Fidel Castro, de Iván Márquez. En los seminarios estarán más expositores de la calidad humana e intelectual de Narciso Isa Conde o Iñaki Gil de San Vicente. El pueblo hará más poesías, más música, más obras de arte en defensa de la revolución y sus héroes.  Y cuando se alcance la victoria final, como dijo Salvador Allende, se abrirán las alamedas por donde transiten los hombres y las mujeres libres para construir una sociedad mejor: el socialismo, como etapa inicial hacia el comunismo. 
Para lograr lo expresado hay que fortalecer la unidad de los revolucionarios, derrotar a los reformistas y a los burócratas, trabajar con más fuerza y preparación para desarrollar una mejor táctica y estrategia militar, prepararse teóricamente para ganar la batalla de ideas y ser más consecuentes con el pueblo para forjar un proyecto verdaderamente democrático y humano.
A pocos días de cumplirse un año más del asesinato del guerrillero heroico, Comandante Ernesto Che Guevara, el enemigo debe saber que los fusiles y los libros guerrilleros seguirán en pie de lucha para derrotar al odioso imperialismo y a las oligarquías vendepatrias.
El 26 de marzo, hoy declarado día internacional de la Insurgencia revolucionaria, será el momento preciso para recordarles a los enemigos de los pueblos que mientras exista la injusticia social, la represión, estos tendrán derecho a luchar hasta vencer ese mundo oprobioso en el que ha sumido a la humanidad el capitalismo.
Mientras, la montaña, las fábricas, las aulas y las urnas seguirán siendo el escenario de lucha para derrotar a los enemigos de la clase trabajadora.

Quito, 29 de septiembre de 2008

Iván Márquez, comandante fariano, habla del comandante Jorge Briceño

Manuel Marulanda, in memóriam






En este enlace pueden encontrar el libro Manuel Marulanda Vélez in memóriam:

http://www.resistencia-colombia.org/pdf/Inmemorian.pdf

jueves, 24 de marzo de 2011

Las verdaderas intenciones de la “Alianza Igualitaria”, por Fidel Castro


Son lo mismo

Ayer fue un día largo. Atendía desde el mediodía las peripecias de Obama en Chile, como había hecho el día anterior con sus aventuras en la urbe de Río de Janeiro. Esa ciudad, en brillante desafío, había derrotado a Chicago en su aspiración a ser sede de la Olimpiada de 2016, cuando el nuevo Presidente de Estados Unidos y Premio Nobel de la Paz parecía un émulo de Martin Luther King.
Nadie sabía cuándo llegaba a Santiago de Chile y qué haría allí un Presidente de Estados Unidos, donde uno de sus antecesores había cometido el doloroso crimen de promover el derrocamiento y la muerte física de su heroico Presidente, horribles torturas y el asesinato de miles de chilenos.
Trataba por mi parte, a la vez, de seguir las noticias que llegaban de la tragedia de Japón y la brutal guerra desatada contra Libia, mientras el ilustre visitante proclamaba la "Alianza Igualitaria" en la región del mundo donde peor está distribuida la riqueza.
Entre tantas cosas, me descuidé un poco y no vi nada del opíparo banquete de cientos de personas con las exquisiteces que la naturaleza dotó los mares, que de haberse realizado en un restaurante de Tokio, ciudad donde se paga hasta 300 mil dólares por un atún fresco de aleta azul, se habrían reunido hasta 10 millones de dólares.
Era demasiado trabajo para un joven de mi edad. Escribí una breve Reflexión y dormí luego largas horas.
Hoy por la mañana estaba fresco. Mi amigo no llegaría a El Salvador hasta después del mediodía. Pedí despachos cablegráficos, artículos de Internet y otros materiales recién llegados.
Vi, en primer lugar, que por mi culpa los despachos cablegráficos le habían dado importancia a lo que dije con respecto al cargo de Primer Secretario del Partido, y lo explicaré con la mayor brevedad posible. Concentrado en la "Alianza Igualitaria" de Barack Obama, un asunto de tanta relevancia histórica —hablo en serio—, ni siquiera recordé que el mes próximo tendrá lugar el Congreso del Partido.
Mi actitud con relación al tema fue elementalmente lógica. Al comprender la gravedad de mi salud, hice lo que a mi juicio no fue necesario cuando tuve el doloroso accidente en Santa Clara; después de la caída el tratamiento fue duro, pero la vida no estaba en peligro.
Cuando, en cambio, escribí la Proclama del 31 de julio fue evidente para mí que el estado de salud era sumamente crítico.
Depuse de inmediato todas mis funciones públicas, añadiéndole a la misma algunas instrucciones para ofrecer seguridad y tranquilidad a la población.
No era necesaria la renuncia, en concreto, de cada uno de mis cargos.
La función más importante para mí era la de Primer Secretario del Partido. Por ideología y por principio, en una etapa revolucionaria, a ese cargo político corresponde la máxima autoridad. El otro cargo que ejercía era el de Presidente del Consejo de Estado y del Gobierno, electo por la Asamblea Nacional. Para ambos cargos existía un sustituto, y no en virtud de vínculo familiar, que jamás he considerado fuente de derecho, sino por experiencia y méritos.
El grado de Comandante en Jefe me lo había otorgado la propia lucha, una cuestión de azar más que de méritos personales. La propia Revolución, en ulterior etapa, asignó correctamente la jefatura de todas las instituciones armadas al Presidente, una función que a mi juicio debe corresponderse con la de Primer Secretario del Partido. Entiendo que así debe ser en un país que, como Cuba, ha tenido que enfrentar un obstáculo tan considerable como el imperio creado por Estados Unidos.
Transcurrieron casi 14 años desde el anterior Congreso del Partido, que coincidieron con la desaparición de la URSS y el Campo Socialista, el Período Especial y mi propia enfermedad.
Cuando progresiva y parcialmente recuperé la salud, ni siquiera me pasó por la mente la idea o necesidad de proceder al formalismo de hacer renuncia expresa de cargo alguno. Acepté en ese período el honor de la elección como Diputado a la Asamblea Nacional, que no exigía la presencia física, y con la que podía compartir ideas.
Como dispongo de más tiempo que nunca para observar, informarme, y exponer determinados puntos de vista, cumpliré modestamente mi deber de luchar por las ideas que he defendido a lo largo de mi modesta vida.
Ruego a los lectores me excusen el tiempo invertido en esta explicación, que las circunstancias mencionadas me obligaron llevar a cabo.
El asunto más importante, no lo olvido, es la insólita alianza entre millonarios y hambrientos que propone el ilustre Presidente de Estados Unidos.
Los bien informados —aquellos que conocen, por ejemplo, la historia de este hemisferio, sus luchas, o incluso, solo la del pueblo de Cuba defendiendo la Revolución contra el imperio que, como el propio Obama reconoce, ha durado más tiempo que "su propia existencia"—, con seguridad se asombrarán de su propuesta.
Se conoce que el actual Presidente es un buen hilvanador de palabras, circunstancias que, unidas a la crisis económica, el creciente desempleo, las pérdidas de viviendas, y la muerte de soldados norteamericanos en las guerras estúpidas de Bush, lo ayudaron a obtener la victoria.
Después de observarlo bien, no me sorprendería que fuera el autor del ridículo título con que se bautizó la matanza en Libia: "Odisea del Amanecer", que hizo temblar el polvo de los restos de Homero y los que contribuyeron a fraguar la leyenda de los famosos poemas griegos, aunque admito que, tal vez, el título fuese una creación de los jefes militares que manejan las miles de armas nucleares con las cuales una simple orden del Premio Nobel de la Paz puede determinar el fin de nuestra especie.
De su discurso a los blancos, negros, indios, mestizos y no mestizos, creyentes y no creyentes de las Américas, pronunciado en el Centro Cultural Palacio de la Moneda, las embajadas de Estados Unidos distribuyeron copia fiel en todas partes, y fue traducido y divulgado por Chile TV, CNN, e imagino que otras emisoras en otros idiomas.
Fue al estilo del que pronunció el primer año de su mandato, en El Cairo, la capital de su amigo y aliado Hosni Mubarak, cuyas decenas de miles de millones de dólares sustraídos al pueblo es de suponer que conocía un Presidente de Estados Unidos.
"... Chile ha demostrado que no tenemos por qué estar divididos por razas [... ] o conflictos étnicos", aseguró, de este modo el problema americano fue borrado del mapa.
Insiste obsesivamente casi de inmediato en que "... este maravilloso lugar donde nos encontramos, a pocos pasos de donde Chile perdió su democracia hace varias décadas... " Todo menos pronunciar el golpe de Estado, el asesinato del pundonoroso general Schneider, o el nombre glorioso de Salvador Allende, como si el gobierno de Estados Unidos no tuviese que ver en absoluto.
El gran poeta Pablo Neruda, cuya muerte aceleró el traidor golpe, sí fue pronunciado más de una vez, en este caso para afirmar de forma bellamente poética nuestras "estrellas" primordiales son la "lucha" y la "esperanza". ¿Ignora Obama que Pablo Neruda era comunista, amigo de la Revolución Cubana, gran admirador de Simón Bolívar, que renace cada cien años, e inspirador del Guerrillero Heroico Ernesto Guevara?
Admirado quedé casi desde el inicio de su mensaje, de los profundos conocimientos históricos de Barack Obama. Algún asesor irresponsable olvidó explicarle que Neruda era militante del Partido Comunista de Chile. Después de otros párrafos intrascendentes reconoce que: "Sé que no soy el primer presidente de Estados Unidos en prometer un nuevo espíritu de cooperación con nuestros vecinos latinoamericanos. Sé que a veces, Estados Unidos ha tomado por descontada a esta región."
"... América Latina no es el viejo estereotipo de una región en conflicto perpetuo ni atrapada por ciclos interminables de pobreza."
"En Colombia, grandes sacrificios por ciudadanos y fuerzas de la seguridad han restaurado un nivel de seguridad que no se veía desde hace décadas." Allí jamás hubo narcotráfico, paramilitares ni cementerios clandestinos.
En su discurso la clase obrera no existe, ni campesinos sin tierras, tampoco los analfabetos, la mortalidad infantil o materna, los que pierden la vista, o son víctimas de parásitos como el Chaga o de enfermedades bacterianas como el cólera.
"Desde Guadalajara hasta Santiago y São Paulo, una CLASE MEDIA está exigiendo más de sí misma y más de su gobierno", expresa.
"Cuando un golpe de Estado en Honduras amenazó el progreso democrático, los países del hemisferio invocaron unánimemente la Carta Democrática Interamericana, lo que ayudó a sentar las bases del retorno al estado de derecho."
La verdadera razón del maravilloso discurso de Obama se explica de forma indiscutible a mediados de su mensaje y con sus propias palabras: "América Latina solo se va a volver más importante para Estados Unidos, especialmente para nuestra economía. [...] Compramos más de sus productos y servicios que ningún otro país, e invertimos más en esta región que ningún otro país. [...] nosotros exportamos más de tres veces a América Latina que lo que exportamos a China. Nuestras exportaciones a esta región... aumentan más rápido que nuestras exportaciones al resto del mundo... ". Se puede acaso deducir de esto que "cuanto más próspera sea América Latina, más próspero será Estados Unidos."
Dedica más adelante insípidas palabras a los hechos reales:
"Pero seamos francos y también admitamos [... ] que el progreso del continente americano no es suficientemente rápido. No para los millones que sufren la injusticia de la extrema pobreza. No para los niños en las barriadas y las favelas, que sólo quieren las mismas oportunidades que tienen los demás."
"El poder político y económico con demasiada frecuencia está concentrado en las manos de pocos, en lugar de servir a la mayoría", expresó textualmente.
"No somos la primera generación que enfrenta esos retos. Hace exactamente 50 años, el Presidente John F. Kennedy propuso una ambiciosa Alianza para el Progreso."
"El desafío ante el Presidente Kennedy persiste: ‘construir un hemisferio en el que todos [los pueblos] puedan tener la esperanza de un estándar de vida apropiado, en el que todos puedan vivir su vida con dignidad y libertad’."
Es increíble que venga ahora con esa historia tan burda que constituye un insulto a la inteligencia humana.
No le queda más remedio que mencionar entre las grandes calamidades un problema que se origina en el colosal mercado de Estados Unidos y con armas homicidas de ese país: "Las pandillas de criminales y narcotraficantes no solo son una amenaza contra la seguridad de los ciudadanos. Son una amenaza contra el desarrollo porque ahuyentan la inversión que necesita la economía para prosperar. Y son una amenaza directa contra la democracia porque alientan la corrupción que socava a las instituciones desde adentro."
Más adelante añade a regañadientes: "Pero nunca eliminaremos el atractivo de los carteles y pandillas a no ser que también les hagamos frente a las fuerzas sociales y económicas que alimentan la criminalidad. Necesitamos llegar a los jóvenes vulnerables antes de que recurran a las drogas y el crimen."
"Como Presidente, he dejado en claro que en Estados Unidos aceptamos nuestra responsabilidad por la violencia generada por las drogas. La demanda de drogas, incluida aquella en Estados Unidos, impulsa esta crisis. Por eso formulamos una nueva estrategia para el control de drogas que se centra en reducir la demanda de drogas por medio de la educación, prevención y tratamiento."
Lo que no dice es que en Honduras 76 personas por cada 100 mil habitantes mueren a causa de la violencia, 19 veces más que en Cuba, donde prácticamente, a pesar de la proximidad de Estados Unidos, tal problema apenas existe.
Después de unas cuantas tonterías por el estilo, sobre las armas con camino a México que están confiscando, un Acuerdo Transpacífico, el Banco Interamericano de Desarrollo, con el que dice se esmeran en aumentar el "Fondo de Crecimiento con Microfinanciación para las Américas" y prometer la creación de nuevas "Vías a la Prosperidad" y otros términos altisonantes que pronuncia en inglés y español, vuelve a sus peregrinas promesas de unidad hemisférica y trata de impresionar a los oyentes con los riesgos del cambio climático.
Añade Obama: "Y si alguien duda de la urgencia del cambio climático, basta que miren dentro del continente americano, desde las fuertes tormentas del Caribe hasta el descongelamiento de glaciares en los Andes y la pérdida de bosques y tierras de cultivo en toda la región." Sin el valor de reconocer que su país es el máximo responsable de esa tragedia.
Explica que se enorgullece de anunciar que "... Estados Unidos está trabajando con socios en la región, entre ellos el sector privado, para aumentar en 100,000 el número de estudiantes de Estados Unidos en América Latina, y en 100,000 el número de estudiantes de América Latina que estudian en Estados Unidos." Ya se sabe lo que cuesta estudiar Medicina u otra carrera en ese país, y el robo descarado de cerebros que practica Estados Unidos.
Toda su palabrería para terminar con una loa a la OEA que Roa calificó como "Ministerio de Colonias Yanki", cuando en memorable denuncia de nuestra Patria en Naciones Unidas, informó que el gobierno de Estados Unidos había atacado nuestro territorio el 15 de abril de 1961 con bombarderos B-26 pintados con insignias cubanas; un hecho desvergonzado que dentro de 23 días cumplirá 50 años.
De esa forma creyó que todo estaba plenamente listo para proclamar el derecho a subvertir el orden en nuestro país.
Confiesa paladinamente que están "permitiendo que los estadounidenses envíen remesas para darles cierta esperanza económica a gente en toda Cuba, como también más independencia de las autoridades."
"... continuaremos buscando maneras de aumentar la independencia del pueblo cubano, que tiene derecho a la misma libertad que todos los demás en este hemisferio."
Luego reconoce que el bloqueo daña a Cuba, priva a la economía de recursos. ¿Por qué no reconoce que las intenciones de Eisenhower, y el objetivo declarado de Estados Unidos cuando lo aplicó, era rendir por hambre al pueblo de Cuba?
¿Por qué se mantiene? ¿A cuántos cientos de miles de millones de dólares asciende la indemnización que Estados Unidos debe pagar a nuestro país? ¿Por qué mantienen en prisión a los 5 Héroes antiterroristas cubanos? ¿Por qué no se aplica la Ley de Ajuste a todos los latinoamericanos en lugar de permitir que miles de ellos resulten muertos o heridos en la frontera impuesta a ese país después de arrebatarle más de la mitad de su territorio?
Le ruego al Presidente de Estados Unidos que me excuse la franqueza.
No albergo sentimientos hostiles hacia él o su pueblo.
Cumplo el deber de exponer lo que pienso de su "Alianza Igualitaria".
Nada ganará Estados Unidos al crear y estimular el oficio de mercenarios. Puedo asegurarle que los mejores y más preparados jóvenes de nuestro país graduados en la Universidad de Ciencias Informáticas conocen mucho más de Internet y computación que el Premio Nobel y Presidente de Estados Unidos.

Fidel Castro Ruz
Marzo 22 de 2011
9 y 17 p.m.

SORTU Y LA MILITARIZACIÓN ESPAÑOLA, por Iñaki Gil de San Vicente


  Así se tortura en la "democrática" España

Una de las aportaciones fundamentales de Rosa Luxemburgo a la crítica del capitalismo fue el análisis de la militarización como elemento clave de la fase imperialista que se iniciaba por aquella época. La historia del siglo XX y lo que va del XXI ha corroborado su teoría y la ha ampliado hasta extremos entonces inimaginables. Por ejemplo, es calcula que alrededor del 20% de la fuerza de trabajo activa de EEUU en la década de 1980 estaba relacionada con el complejo industrial-militar, y este porcentaje ha seguido su tendencia al alza. La militarización no penetra sólo en lo económico y en el Estado mismo, sino que extiende sus tentáculos en la industria político-mediática, en la producción de culturilla de masas, en la planificación universitaria, en  la sociedad entera. Engels ya había anunciado esta tendencia a la fusión entre todos los componentes sociales al resaltar la identidad de fondo entre los acorazados y la sociedad capitalista. Presionadas por esta evolución imparable, las burguesías atrasadas y débiles que se protegían con ejércitos tardomedievales y poderes reaccionarios que hunden sus raíces en modos tributarios y esclavistas de producción, como la Iglesia, han recurrido a la militarización capitalista para intentar recortar las distancias que les separan de las potencias imperialistas hegemónicas, o al menos para evitar que aumente ese abismo. Una comparación entre la militarización del Estado francés y del español nos aportaría lecciones muy instructivas sobre las diferencias formales que existen en la idéntica opresión nacional que ejercen contra Euskal Herria y los Països Catalans pero desbordaríamos el espacio disponible.

La militarización moderna española se inicia definitivamente con la llegada de técnicos nazis para racionalizar la producción bélica de las industrias vascas en 1937, a fin de rearmar al ejército internacional franquista. La muy efectiva planificación industrial-militar nazi, heredera de la Prusia bismarckiana, tardó en cuajar en el capitalismo español por la tecnofobia de su clase dominante: “que inventen ellos”, “viva la muerte, abajo la cultura”, etc. La guerra de Ifni y la Marcha Verde mostraron el arcaísmo del muy débil complejo industrial-militar español. Tras vanos intentos modernizadores realizados por UCD fue el PSOE quien creó la estrategia hacia la militarización más allá de los estrictamente bélico, aprovechando tanto los inicios nazis como el papel central del Ejército en la Constitución avalada por el rey que Franco nombró. La entrada en la OTAN fue imprescindible para ello, como la ayuda bélica yanqui en los ’50 lo fue para sostener la dictadura. A la vez, se estrechaba la interacción entre la racionalidad militar y el endurecimiento de las opresiones políticas, y los GAL fueron un banco de prueba del que saldrían luego las sucesivas estrategias represivas que, por ahora, han culminado en la Ley de Partidos y en la participación española en el ataque imperialista a Libia, tras la experiencia adquirida en otras guerras recientes. En estos momentos, la producción industrial-militar española, de tecnología media-alta, es una de las muy pocas ramas económicas rentables.

Algunas izquierdas tradicionales sostuvieron en los ’80 y ’90, antes de desaparecer, que era imposible la existencia de una racionalidad militar burguesa porque, según decían, ejército e inteligencia eran incompatibles. Fue un profundo error que ahondó la debilidad teórica precisamente cuando el imperialismo ideó la excusa de la “guerra humanitaria” mientras germinaba una crisis como la actual en la que el mando económico es simultáneamente político-militar. Para otros la globalización cerraba la fase militarista porque también finiquitaba la fase imperialista, y vieron en Obama, premio Nóbel a la “pax americana”, un ejemplo del avance a una “gobernanza mundial” superadora del “violento siglo XX”. Rosa Luxemburgo hubiera destrozado de un plumazo tanta superficialidad. Mientras se daban estos devaneos el capitalismo español avanzaba en la fusión de sus poderes hasta llegar a la situación presente. Un ejemplo lo tenemos en la diferencia entre la negativa del PSOE a participar en Irak y el ataque español a Libia. ¿Qué ha ocurrido en estos ocho años? Tras la cegata euforia de entonces desde 2007 ha vuelto la cruda realidad, y la militarización que iba siendo reforzada desde la década de 1980 ha aparecido como lo que es, además de una característica fundamental de todo capitalismo, en el caso español, uno de los instrumentos decisivos para su supervivencia nacional-estatal.

El nacionalismo imperialista español está soldando una unidad político-militar, económica y cultural en la que sus diversos componentes interactúan de forma creciente. El Ejército español intervino ya durante la lucha popular contra la nuclearización en Euskal Herria. Más tarde, el Estado español consiguió que la OTAN fuera garante de la “integridad nacional” de sus miembros. Por un lado, cada vez que alguien duda sobre el papel angular del rey y del Ejército, se le llama al orden de inmediato. Por otra parte, la militarización del PSOE se aprecia viendo cómo los dos supuestos sucesores de Zapatero están estrechamente relacionados con lo policíaco-militar, gobierno que no ha reprimido la huelga de los controladores aéreos militarizando el conflicto. Además, la centralidad jerárquica, disciplinaria y conceptual inherente a la militarización burguesa domina ya en el nacionalismo español de CCOO y UGT, decididos a barrer las “peculiaridades regionales” del sindicalismo luchador de las naciones oprimidas e imponer una estatalización antidemocrática que agilice la cadena de mando de la CEOE sobre los pueblos trabajadores para aplicar los durísimos planes ya decidido. Por si fuera poco, todo ello se realiza dentro del marco represivo más duro de  la UE, como reconoció no hace mucho el ministro Rubalcaba. Tampoco debemos olvidar la contraofensiva lingüístico-cultural española y el renacido nacional-catolicismo tridentino e imperial que avanza al son de condenas inquisitoriales.

Pero la racionalidad militar y el arte de la guerra aconsejan disponer siempre de lo que en política se llama “plan B”, o sea, tácticas alternativas ante los movimientos del enemigo. Aquí podemos aplicar al Estado español las tesis de Lenin sobre la dialéctica entre guerra y política, y de Gramsci entre “guerra de movimientos” y “guerra de posiciones”, para comprender por qué ha habido algunas diferencias en su Tribunal Supremo a la hora de ilegalizar Sortu, y las posibilidades que le abren para otras decisiones futuras sobre este partido dependiendo de la evolución del conflicto. La ilegalización de Sortu muestra que el Estado ha logrado apurar al extremo la contrainsurgencia de desgaste a largo plazo para romper la tendencia acumulativa al alza de fuerzas soberanistas e independentistas, desgaste para el que todo vale. Ahora bien, en las largas confrontaciones se suele cuartear la firmeza del bando opresor ante la decisión del bando oprimido, abriendo fisuras en sus cuarteles generales. Maquiavelo, primer teórico de la racionalidad político-militar, advertía al Príncipe que en determinados momentos lo político es más efectivo que lo militar, lección histórica que Napoleón corroboró diciendo que con las bayonetas se puede hacer de todo excepto sentarse sobre ellas.

IÑAKI  GIL DE SAN VICENTE.

EUSKAL HERRIA 24-III-2011

lunes, 21 de marzo de 2011

domingo, 20 de marzo de 2011

Contra la invasión imperialista a Libia


 
¡ALTO A LOS BOMBARDEOS DE EEUU Y DE LA OTAN !
 
¡NO A LA RECOLONIZACIÓN DE LIBIA A TRAVÉS DE UNA GUERRA COMO LA DESATADA CONTRA IRAK Y AFGANISTAN!
 
Los criminales bombardeos desatados contra Libia aprobados por la ONU , son  solo el prólogo sangriento del plan de ocupación militar y de imposición de un régimen subordinado a los imperialismos de EEUU y la Unión Europea en ese país, para controlar por esa vía sus riquezas petroleras y sus minerales estratégicos y tratar de compensar en términos geopolíticos las derrotas políticas sufridas por los gobiernos títeres de Túnez y Egipto y  las perspectivas de otras similares.
 
Más allá de cualquier valoración sobre las características del régimen libio liderado por Ghadafi, esa alevosa determinación imperialista debe ser rechazada por los pueblos de nuestra América y el mundo, que deben movilizarse enérgicamente contra esa brutal agresión sin pérdida de tiempo.
 
Los problemas internos de Libia deben ser dirimidos y superados con la exclusiva participación de su pueblo y sus actores políticos y sociales, en ejercicio pleno de su soberanía y auto-determinación. ¡Ninguna ingerencia merece respaldo, menos aun una guerra de agresión!
 
Es absolutamente inaceptable la decisión de EEUU, de la Unión Europea y del pusilánime Consejo de Seguridad de la ONU. Nuestro MCB la rechaza categóricamente.
 
¡ALTO AL GENOCIDIO TRANSNACIONAL A NOMBRE DE LA LIBERTAD !
 
¡REPUDIO Y CONDENA MUNDIAL A  OBAMA , COMO NUEVO INTÉRPRETE DE LOS HALCONES DE WASHINGTON Y SUS ALIADOS EUROPEOS!
 
¡TODOS/AS A MOVILIZARNOS CONTRA EL YANQUI INVASOR Y SUS SOCIOS!
 
¡En Bolívar y los grandes héroes y heroínas de la humanidad nos encontramos todos/as!
 
¡HASTA LA VICTORIA SIEMPRE !
 
 Movimiento Continental Bolivariano (MCB):
 
Narciso Isa Conde
Coordinador de la Presidencia Colectiva
 
 
Carlos Casanueva
Secretario General

La PAX que los yanquis quieren llevar a Libia



Fotografías de niños masacrados por los invasores yanquis en Irak

viernes, 18 de marzo de 2011

Visión crítica en torno a la lucha popular en el Ecuador y la izquierda ecuatoriana, por Dax Toscano Segovia

Luis Villacís, dirigente del MPD, da la mano a los policías represores
 El presente trabajo tiene como objetivo hacer una exposición breve sobre la lucha popular en el Ecuador, así como de algunos elementos que el autor considera identifican a las organizaciones que se autoproclaman de izquierda en el país.


Las reflexiones que se presentan a consideración para la discusión y el debate posterior que se pueda suscitar, parten de la utilización del método del materialismo histórico-dialéctico cuya característica fundamental es el entendimiento de los procesos, de la realidad social como una totalidad concreta, vistos desde su dimensión histórica. 

El marxismo, entendido como una filosofía de la praxis, es decir la unidad dialéctica entre la teoría y la práctica con miras a la transformación de la realidad existente, señala que los sujetos del cambio social son los pueblos.

En la historia de lo que hoy es el Ecuador, desde antes de la primera independencia, las luchas llevadas a cabo contra los opresores han sido constantes.

El pueblo ecuatoriano ha demostrado en diversas etapas de la historia, tener una gran capacidad para auto convocarse y auto organizarse, así como para espontáneamente levantarse contra las injusticias sociales. Ha existido un nivel de conciencia social que, si bien no responde a una comprensión profunda de la realidad misma, de las relaciones causales que provocan los diversos hechos, en cierta forma si evidencia una madurez política en el pueblo frente a los problemas que enfrenta en su diario vivir.

Si bien esta realidad ha demostrado tener sus limitaciones lo cual ha conducido a cometer  muchos errores, también permite apreciar la voluntad que existe entre la masa de desposeídos, de explotados de enfrentar a los detentadores del poder cuando estos han cometido un sinnúmero de abusos contra la población.

Esto no significa, de ninguna manera, desconocer el papel que en esas luchas han jugado personalidades valiosas, así como organizaciones políticas de la izquierda ecuatoriana que supieron estar a la altura de las circunstancias históricas en cada momento en que se produjo la protesta social.  

Lo que hay que comprender es que el accionar de las masas ha superado muchas veces el nivel de entendimiento de la realidad histórica concreta de las organizaciones políticas de izquierda que, lamentablemente, continúan proclamándose, sin serlo realmente, la vanguardia de la revolución ecuatoriana, las mismas que al estar alejadas de las masas, al verse como las predestinadas para dirigir los procesos de cambio, no han sabido canalizar adecuadamente las luchas sociales.

Quienes detentan el poder tienen como objetivo lograr que los pueblos pierdan su memoria histórica. Las organizaciones de izquierda tienen gran parte de responsabilidad al estar más preocupadas de resaltar sus propios logros, de competir entre ellas, lo cual les ha impedido tener una visión más clasista y menos partidista de las jornadas gloriosas de lucha llevadas a cabo por la clase trabajadora ecuatoriana, estudiantes, amas de casa, jubilados, indígenas, campesinos  y otros sectores populares en el país.  

A la oligarquía ecuatoriana le interesa que queden en el olvido esas luchas.

En el mejor de los casos, ya sea en los textos de historia oficial, en las aulas o a través de los medios de comunicación, se las presenta como hechos episódicos, anecdóticos o simplemente se ocultan las causas reales que llevaron a esas luchas, para presentarlas vaciadas de contenido. La lucha social es exhibida como algo folclórico, sacado de contexto. Se exaltan las luchas del pasado que son contadas o expuestas en forma de relatos, donde aparecen héroes, valerosos combatientes y malvados personajes. Jamás se topa que se ha tratado de luchas contra la explotación, contra la propiedad privada, en otras palabras conflictos de carácter clasista.

La protesta social en el presente, sobre todo cuando rebasan los límites permitidos por las propias oligarquías y sus aparatos de control social, son satanizadas, son cuestionadas por afectar el orden imperante. “Unidad nacional, paz” son los mensajes que constantemente emiten la burguesía ecuatoriana y sus propagandistas mediáticos.  

Este discurso oficial debe desmitificarse.

El Ecuador no ha sido, ni es una “isla de paz”, porque existen contradicciones sociales que se han expresado y se expresan, de una u otra manera, a través de la lucha de clases. Hablar de “unidad nacional”, de “un país para todos”, dejando de lado este hecho, solo beneficia a quienes detentan el poder real en el Ecuador.

Basta recordar que bajo ese pretexto de “evitar que el país se convierta en otra Colombia”, de que debía seguir siendo la tal mentada “isla de paz”, se justificó la brutal represión desatada por el gobierno de León Febres Cordero a mediados de la década de 1980 contra las organizaciones de la izquierda ecuatoriana, levantadas o no en armas.  De igual manera, bajo el criterio de la “unidad nacional”, ante el conflicto con el Perú en el año 1995, se pretendió ocultar los actos de corrupción del gobierno de Sixto Durán Ballén.

La violencia social y del Estado burgués se oculta. Los propagandistas de la oligarquía ponen énfasis en los hechos delincuenciales cuando topan el tema de la violencia. Pero la violencia generada como resultado de la existencia de la propiedad privada y, por ende, de la explotación social de una clase social sobre otra, no es digna de tomarse en cuenta.

De esa manera tergiversan la historia.

La clase trabajadora ecuatoriana, sometida a una brutal explotación, ha  sido víctima de la crueldad ejercida por el Estado oligárquico que mediante el uso de la fuerza ha pretendido detener la lucha por reivindicaciones sociales, hacia como por la construcción de una sociedad más justa y más humana.

Pese a ello, varias han sido las acciones de rebeldía, de protesta social e insurrección que la clase trabajadora y los sectores populares han llevado adelante contra los gobernantes de turno, que no han sido sino los representantes de los grupos de poder económico nacionales como internacionales.

Joaquín Gallegos Lara en su obra “Las cruces sobre el agua”, expone la situación de la clase trabajadora allá por la década de 1920, cuando el capitalismo empezaba a consolidarse en el Ecuador. Los obreros del puerto de Guayaquil, así como otros sectores entre los que se incluyen hasta las trabajadoras sexuales, se levantaron contra el gobierno de José Luis Tamayo para exigir mejores condiciones de vida. La respuesta fue la represión y el asesinato de quienes protestaron aquel 15 de noviembre de 1922. Los cadáveres fueron cortados en el vientre y lanzados al río Guayas.

El pensador marxista  Agustín Cueva en su obra “El Proceso de Dominación Política en el Ecuador”, hace un estudio profundo de las políticas llevadas a cabo por los grupos oligárquicos ecuatorianos para consolidar su poder, así como la respuesta de la clase trabajadora y los sectores populares frente a sus explotadores. Agustín Cueva desenmascara la condición de enemigos del pueblo de la oligarquía criolla y su servilismo a los intereses de las potencias extranjeras y sus organismos internacionales.

No ha faltado en el Ecuador las cruzadas anticomunistas para justificar la represión al movimiento popular. Precisamente en la década de 1960 se llevó adelante una campaña en este sentido para enfrentar las supuestas “infiltraciones comunistas” en el país.  La lucha llevada a cabo por los estudiantes universitarios, por los docentes fue muy importante para oponerse a la Junta Militar.

En 1977 tuvo lugar una nueva escalada represiva contra el movimiento obrero ecuatoriano. El 18 de octubre de 1977 se produce la matanza de los trabajadores del ingenio azucarero Aztra. Una vez más, fue una Junta de militares la que ordenó la masacre contra el pueblo. Agustín Cueva señala que organizaciones vinculadas al magisterio como la Unión Nacional de Educadores (UNE) y la Federación de Estudiantes Universitarios (FEUE) fueron ilegalizadas por los gorilas de turno.

A partir de la década de 1980 la oligarquía vende patria pretenderá consolidar la aplicación del modelo neoliberal. Los gobiernos que se sucedieron uno a otro apuntaron en esa dirección.

Osvaldo Hurtado, de la Democracia Cristiana, beneficio a los empresarios con la aplicación de la sucretización de la deuda que estos mantenían con acreedores extranjeros. El Estado pagaba en dólares a los acreedores y los empresarios en sucres (moneda de ese entonces) al  Estado ecuatoriano, a un tipo de cambio estable.

Los estudiantes protestaron con valentía contra cada medida antipopular de ese gobierno. 

Durante el gobierno del Frente de Reconstrucción Nacional, presidido por León Febres Cordero, se aplicó la política de terrorismo de Estado. Este régimen, que como señala Agustín Cueva, respondía a la política del gobierno yanqui comandado por Ronald Reagan, se caracterizó por el  ejercicio brutal de la represión policial y militar, la tortura, el asesinato, la desaparición como lo deja claramente evidenciado el informe de la Comisión de la Verdad, creada bajo el mandato del presidente Rafael Correa.

Pese a esto, la lucha popular no cejó y fueron constantes las huelgas nacionales y las acciones de protesta contra el tirano.

El movimiento Alfaro Vive Carajo (AVC), así como Montoneras Patria Libre hicieron presencia con las armas, a través de acciones aisladas, contra el gobierno socialcristiano. Lamentablemente, el foquismo, el alejamiento de las masas y la falta de un proyecto claro desde el punto de vista político, más la represión y las tareas de infiltración a estos movimientos, que se caracterizaron por la falta de compartimentación, les condujeron a la derrota.  

El gobierno socialdemócrata presidido por Rodrigo Borja no se distinguió del resto de mandatarios en cuanto a beneficiar al capital, a sujetarse a las disposiciones del FMI y a establecer políticas contrarias a la clase trabajadora.  En 1990 se dio el gran levantamiento indígena, importante en ese momento histórico cuando el capitalismo se envalentonaba más frente a la caída del llamado “socialismo real”, movimiento que a lo largo de esa década tuvo una presencia significativa a través de las luchas llevadas a cabo contra el modelo neoliberal.

Lamentablemente muchos de los dirigentes indígenas se corrompieron, otros fueron cooptados a través de la entrega de becas, de “apoyos” económicos brindados por la USAID, la NED y otros simplemente se desenmascararon como representantes del ala derecha dentro de los indígenas. Basta actualmente ver las actuaciones de la señora Lourdes Tibán, asambleísta de Pachakutik.

Ha existido un criterio equivocado por parte de ciertos sectores de intelectuales de  izquierda de ver al movimiento indígena como “puro, casto e inmaculado”, dejando de lado el hecho de que el patrón de interacción social clasista, que es el que más rango tiene, atraviesa al étnico. De igual manera, con esos criterios se desconoce las tendencias ideológicas que existen dentro de los indígenas, muchas veces influenciados por los mecanismos de alienación de las clases que detentan el poder, las cuales han logrado que algunos sectores dentro del indigenado se pongan a favor de sus políticas, incluso utilizando para ello políticas asistenciales y clientelares para lograr dicho apoyo. Así lo ha reconocido la dirigente indígena Blanca Chancoso.

Esto evidencia que la dirigencia del movimiento indígena no ha hecho un trabajo de concienciación política profundo dentro de las comunidades, las cuales muchas veces responden solo a consignas y a los llamados realizados en forma vertical por la dirigencia, lo cual ha sido aprovechado por los gobiernos de turno para desmovilizarlos, dividirlos o cooptarlos. 

En la segunda mitad de la década de 1990, el pueblo ecuatoriano, principalmente en la ciudad de Quito, se levantó contra los gobiernos de Abdalá Bucaram (1997) y el de Jamil Mahuad (1999 y 2000). El primero se caracterizó por la corrupción, el nepotismo, la falta de planificación. El segundo, que decía ser el hombre más capacitado para gobernar el país, beneficio a los banqueros a través del salvataje del sistema financiero, congelando los depósitos de los ahorrantes, abriendo el camino de la dolarización, implementada bajo el régimen de su ex vicepresidente, Gustavo Noboa Bejarano. Mahuad permitió además el establecimiento de una base militar norteamericana en territorio ecuatoriano, en la provincia de Manabí.

Estudiantes, amas de casa, jubilados, profesores, indígenas, trabajadores participaron activamente en la protesta contra estos gobiernos.

La muerte sorprendió a muchas personas debido a las medidas tomadas bajo el gobierno del prófugo Mahuad, puesto que sus ahorros de toda la vida o los recursos provenientes de su jubilación fueron congelados y se los dejó sin nada.

El académico Francisco Hidalgo Flor señala en un artículo titulado “La construcción de una tendencia contrahegemónica al neoliberalismo: el caso del Ecuador” que el pueblo ecuatoriano en la segunda mitad de la década de 1990 se había pronunciado mayoritariamente en las urnas contra el modelo privatizador neoliberal, pese a lo cual la derecha política, por encima de este mandato popular, elaboró un sinnúmero de leyes para apuntalar ese modelo explotador.

Lucio Gutiérrez, admirador de Pinochet y del régimen anticomunista de Taiwán,  sube a la presidencia envuelto en un manto progresista gracias a su participación en el levantamiento del 21 de enero de 2000 contra Mahuad, así como por el apoyo que recibió de partidos de la izquierda ecuatoriana (MPD, PS, Pachakutik). Esas organizaciones no supieron identificar las concepciones políticas de este personaje que se declaró el mejor amigo de los EEUU, que gobernó acompañado de representantes de la banca corrupta (Mario Canessa, Mauricio Pozo) y que brindó todo su apoyo al régimen fascistoide de Álvaro Uribe en Colombia. Se mantuvieron en el gobierno y dieron todo su respaldo a un régimen que se sometió al FMI, se alió a EEUU, al gobierno colombiano y mantuvo una política contraria a los regímenes progresistas de la región latinoamericana.

Gutiérrez fue derrocado el 20 de abril de 2005. Los días previos a la caída, la represión desatada fue brutal por parte de la policía y el ejército. También hubo fuerzas de choque pagadas por el gobierno para oponerse a los “forajidos”, como calificó Lucio a sus opositores. El fotógrafo chileno, Julio García murió producto de la asfixia provocada por los gases lacrimógenos lanzados por las fuerzas represivas.

En este período las masas demostraron una vez más una amplia capacidad de movilización, de auto organización, iniciativa y creatividad para la lucha. Se organizaron asambleas en las que hubo un intento de debatir sobre la construcción de un país diferente. Sin embargo, las posturas anarquistas y seudodemocráticas que rechazaban cualquier forma de dirección y liderazgo, llevaron al fracaso a estas asambleas. Si bien fue positivo el rechazo a los partidos autodenominados de izquierda y que estuvieron cercanos a Lucio, no se supo comprender la necesidad que desde dentro mismo del movimiento debían ser elegidos representantes que permitan canalizar de mejor forma esa lucha popular, establecer un programa de acción revolucionaria y puntos concretos para llevarlos a la práctica en forma inmediata. Discusiones sin propuestas precisas no condujeron a nada.  

Durante el gobierno de Alfredo Palacios, las protestas también estuvieron presentes, sobre todo contra las intenciones de firmar un tratado de libre comercio con los EEUU. Las movilizaciones desarrolladas por diversas organizaciones sindicales, maestros, estudiantes y varios movimientos sociales también exigían la salida de la compañía petrolera estadounidense OXY, implicada directamente en la financiación del Plan Colombia y en la violación de disposiciones legales del orden jurídico ecuatoriano, pese a lo cual, y con el visto bueno del gobierno de Palacios, continuó explotando, en forma ilegal, más de 110.000 barriles diarios de petróleo, saqueando los recursos del pueblo ecuatoriano.

En ese ambiente, el pueblo ecuatoriano, demostrando un profundo nivel de comprensión de la realidad histórica concreta, rechazó en las urnas al candidato de la derecha, el multimillonario Álvaro Noboa, quien perdió las elecciones frente a Rafael Correa, candidato que enarboló el discurso de la izquierda, el mismo que estableció en su proyecto un sinnúmero de propuestas que sintetizaban las aspiraciones inmediatas del pueblo ecuatoriano y que tenían que ver en ese momento con el llamado a una Asamblea Constituyente, la oposición radical a la partidocracia, la salida de la base gringa de Manta, la oposición a la firma de un TLC con EEUU.

La Asamblea Constituyente fue convocada. Como resultado de ello se elaboró una nueva Carta Constitucional, la cual, más allá de las críticas que desde la izquierda y la derecha política en el país  hayan hecho no solo en lo concerniente a la parte formal de su elaboración, sino a sus contenidos, constituye un notable avance para los sectores populares, vulnerables del país, así como para la nación misma, que, en cierta forma, ve garantizada su soberanía frente a las presiones de potencias extranjeras, sus transnacionales, así como de organismos financieros internacionales.

No es el espacio para hacer un análisis del gobierno de Correa, sin embargo si es oportuno señalar algunos hechos para comprender lo que ha sucedido con la organización popular, las movilizaciones del pueblo y los movimientos políticos identificados con la izquierda en el país.

Si bien es cierto que durante este gobierno, que no termina de romper con la derecha y que cada vez se identifica más con la socialdemocracia, las organizaciones políticas de izquierda han sufrido un proceso de desmovilización, también es verdad que eso responde no solo a las políticas aplicadas por el régimen, sino a los errores mismos de esas organizaciones.

Es importante, por lo tanto, identificar algunas causas para que se haya producido esa desmovilización.  

En primer lugar es preciso señalar la política del gobierno que, a través de una poderosa campaña de propaganda, ha  combatido duramente a las organizaciones sociales y, principalmente, a su liderazgo, acusándoles de ser responsables de la generación del caos y el malestar en el país, ante lo cual se han tomado un sinnúmero de medidas para frenar su avance como en el caso de los sindicatos del petróleo, del magisterio y las organizaciones estudiantiles universitarias. Las dirigencias de esas organizaciones han visto afectados sus intereses, puesto que el gobierno ha frenado muchos de sus privilegios como en el caso de la burocracia sindical de Petroecuador, así como de la Unión Nacional de Educadores (UNE).

En segundo lugar, la política asistencial del gobierno para mejorar las condiciones de vida de los sectores más pobres, sin eliminar las causas de la pobreza, también ha constituido un elemento clave por parte del régimen de Correa para desmovilizar a la izquierda tradicional.
Algunas organizaciones políticas de izquierda además apoyan abiertamente al gobierno, como es el caso de los partidos Socialista y Comunista del Ecuador.

En tercer lugar, han sido las propias organizaciones de izquierda, las cuales no han hecho la autocrítica necesaria, las que con su accionar han provocado que las masas tomen distancia de ellas. Un ejemplo fue la posición asumida por el MPD-PCMLE y sus organizaciones el 30 de septiembre de 2010, cuando se produjo la intentona golpista contra el gobierno de Correa, brindando todo apoyo a la policía represiva. La falta de comprensión de la realidad concreta por parte de estas organizaciones  les ha hecho mantener iguales posiciones que las de la derecha. Esto se debe, además, a sus posiciones sectarias.

Luego de esta breve revisión histórica de las luchas populares en el Ecuador, así como de algunos cuestionamientos al accionar de la izquierda ecuatoriana, cabe plantear la siguiente pregunta:

¿Por qué estas grandes protestas y movilizaciones no han posibilitado la instauración de un gobierno identificado plenamente con los intereses del pueblo, así como una crisis profunda  del orden institucional burgués en el Ecuador?
Las políticas neoliberales golpearon duramente a la clase trabajadora. Esto, en gran medida, generó miedo y parálisis social entre la clase trabajadora. La ley se diseñó para reprimir cualquier intento de organización política de los trabajadores. Así, en la Ley para la Transformación Económica del Ecuador, publicada en el Registro Oficial del 13 de marzo del año 2000, se establecieron reformas al Código del Trabajo Ecuatoriano, las mismas que abrieron el camino definitivo para la contratación temporaria, por horas, es decir la flexibilización laboral.
El modelo neoliberal significó no solamente la aplicación de medidas económicas en beneficio de los explotadores y un sistema jurídico legal represivo para garantizar el poder de la oligarquía. La penetración ideológica se hizo más fuerte, hecho que se hizo más evidente a raíz de la implosión de la Unión Soviética y la caída del muro de Berlín. En ese momento histórico se evidenció las limitaciones severas, en todo sentido, del movimiento socialista y comunista ecuatoriano.
Sin embargo, hay otras razones por las cuales la clase trabajadora ecuatoriana no ha podido hacer frente a la burguesía criolla y al imperialismo norteamericano en forma más efectiva.
Algunas de estas causas son:
1.      La estructura vertical de las organizaciones de la izquierda ecuatoriana. No existe una verdadera democracia al interior de estas organizaciones que reproducen las mismas prácticas que las de la derecha política. La crítica, el debate y la contraposición de ideas no se dan. La respuesta es la descalificación a quien emite criterios que cuestionen su accionar. El dogmatismo y el sectarismo, no han sido superados.

2.      El aislamiento de las organizaciones de izquierda de los sectores populares. No hay un trabajo profundo junto al pueblo, a las masas. Esto es resultado del verticalismo que practican, lo cual les hace creer que pueden estar por encima del pueblo, porque son los dirigentes políticos los que están preparados para dirigir y el resto para obedecer.

3.      La existencia de dirigentes políticos, sindicales corruptos, que se han transformado en verdaderos burócratas, preocupados más de satisfacer sus intereses inmediatos e individuales. Entiéndase aquí que cuando se habla de corrupción, no se hace referencia solamente a prácticas que tienen que ver con la disposición ilegal de recursos económicos, sino con los vínculos que establecen, los privilegios que mantienen como resultado de sus cargos y el hecho mismo de no permitir que haya un debate democrático al interior de sus agrupaciones políticas.

4.      La limitada, escasa o nula formación teórica al interior de las organizaciones de izquierda, lo cual ha impedido un desarrollo efectivo de una conciencia de clase y la comprensión de la realidad concreta. Esto ha tenido como consecuencia, además, que las organizaciones populares pierdan la iniciativa y la capacidad creativa en el proceso de la lucha social. Prima más la actividad propagandística, que el trabajo de concienciación política.

5.      La falta de un programa político de transformación revolucionaria y social que les permita a los trabajadores enfrentar en forma efectiva a sus enemigos de clase, internos y externos.

6.      La presencia de posiciones pragmáticas dentro de la izquierda que han conducido a las diversas organizaciones políticas a plantear las denominadas metas “posibles y realistas”, a través de las cuales se ha exigido únicamente mejoras salariales o la firma de contratos colectivos, deslindándose de la lucha por la transformación revolucionaria del sistema explotador capitalista. Priman las posturas reformistas, sobre las verdaderamente revolucionarias.

7.      La falta de un programa político de transformación social revolucionaria ha dado paso a que se impongan las tesis reformistas, sostenidas sobre todo por los sectores agrupados en la pequeña burguesía, así como por los partidos socialdemócratas (disfrazados de izquierda, como Alianza País) y por figuras políticas que surgen de la noche a la mañana como líderes sociales que plantean que lo políticamente posible y correcto es luchar únicamente por la democratización de la sociedad, pero siempre dentro de los márgenes del sistema capitalista.
Frente a esta situación, el pueblo ecuatoriano debe plantearse como tareas inmediatas:
  1. Luchar por la constitución de una corriente revolucionaria al interior del movimiento obrero ecuatoriano que permita combatir el burocratismo, la corrupción y la falta de democracia en las organizaciones de los trabajadores ecuatorianos.
  2. Propiciar la discusión teórica, el debate crítico y la confrontación de ideas.
  3. Elaborar un programa de acción donde se sinteticen las necesidades, los intereses y los fines de los distintos sectores sociales dispuestos a transformar revolucionariamente la sociedad ecuatoriana. No se pueden admitir pactos con la burguesía criolla que es explotadora y proimperialista.
  4. Recuperar la iniciativa y la creatividad en la lucha social. Ser optimistas guardando el sentido de las proporciones.
  5. Luchar contra las posiciones pragmáticas, posibilistas y reformistas sin caer en el aventurerismo y el espontaneísmo. Los trabajadores ecuatorianos deben pensar que en la raíz del sistema capitalista se encuentra la causa de todos sus males, por lo cual se debe apuntar a acabar con este sistema. Esto no significa que no se deba luchar por cosas puntuales e inmediatas. Lo que debe estar claro es que estas transformaciones sólo podrán ser llevadas a cabo en forma efectiva por los propios trabajadores, campesinos, indígenas, estudiantes y jubilados. Esto implica que la lucha debe apuntar a la toma del poder y por ende al derrocamiento de la clase dominante y la destrucción de las instituciones del Estado burgués.
  6. Como parte de esta lucha, el pueblo ecuatoriano y fundamentalmente la clase trabajadora debe llevar adelante una política internacionalista consecuente, de apoyo decidido a las causas revolucionarias y a las luchas de los trabajadores en América Latina y el mundo entero.

Quito, 20 de enero de 2011